Jodorowsky está
loco.
Si, lo sé, no
es ninguna noticia: Un chileno/Ucraniano/Francés viviendo en México hace unas
películas simbólico-surrealistas, con desnudos, enanos, travestis, niños y
pseudo-dioses rodeados de cabras embalsamadas debajo de arcoíris. Sí. Ya lo
sabíamos, Alejandro Jodorowsky está loco. Pero el documental Jodorowsky’s Dune, nos da una visión más
amplia, más humana y más extendida de la cabeza de ese personaje, de cómo es o,
al menos, de cómo era.
Este
documental, hecho por un desconocido Frank Pavich (Cuyo único título anterior
fue un documental sobre Hardcore Punk en Nueva York (N.Y.H.C)) nos muestra la realización
de este proyecto demente de Jodorowsky. Durante 90 minutos nos describe con lujo de
detalles lo que esta epopeya futurista y surrealista pudo haber sido, para
dejarnos al final con un amargo sabor de boca y una especie de tristeza por el
hecho de saber que nunca nunca nunca vamos a poder verla.
Alejandro
Jodorowsky dice desde un principio que él quería crear un Mesías. Que para él, Dune, (basada en la novela homónima de Frank
Herbert) iba a ser más que una película. Es más, iba a cambiar la forma en que
la gente veía cine e incluso el mundo (Durante todo el documental hace mucho un
gesto con las manos que significa “abrir la mente”. Y también repite mucho
eso). Y tenía un plan casi perfecto para que esto sucediera.
La ventaja
que tenía Jodorowsky en ese momento era que tenía todo ya imaginado, tenía una
imagen perfecta en su mente de cómo debería ser esta película, sabía lo que
quería. La desventaja era que no sabía cómo plasmarlo. Por lo que precisaba
reunir un grupo de personas que fueran capaces de meterse en su cabeza y sacar
las ideas exactamente igual como él quería. Y lo consiguió. Logró juntar al dream-team de la fantasía y ciencia
ficción de la época. El primero en sumarse al proyecto fue el autor de comics
francés Jean Giraud (AKA Moebius), que dibujó todo el storyboard, paso por paso, cuadro por cuadro, hasta tener un libro
gigante medio comic/medio guion, que contaba la historia entera de Dune. Luego se unieron los desconocidos
Chris Foss (artista de tapas de libros de ciencia ficción) y H.R Giger (Que
luego crearía los conceptos artísticos de Alien)
y el experto en efectos especiales Dan O’Bannon (Escritor de Alien, y trabajó en películas como Star Wars y Return of the Living Dead). Jodorowsky convenció a estos artistas, y a un
puñado de productores y realizadores de todo tipo, a que dejaran todo y se
mudaran con él a Paris, donde vivían todos juntos dedicados solamente a crear
su visión de la novela y convirtiéndola, como el director lo quería, en una Neo
Biblia visual.
Jodorowsky está
loco.
Y para seguir
demostrando esta afirmación, basta ver el empeño y la terquedad que ponía en
cosas como los actores. No podía ser cualquiera. Tenía que ser el que él creía,
el que él veía en su cabeza como la perfecta cara de X personaje. Por ejemplo,
el personaje principal, Paul, iba a ser interpretado por su hijo Brontis (Si,
se llama Brontis), que en ese momento era un preadolescente. Jodorowsky creía
que para que su hijo (con el que ya habían trabajado juntos en El Topo) pudiera
realizar bien el papel del protagonista (Que, por cierto, ese era el Mesías que
él quería crear, el modelo de nuevo superhombre que todos debían seguir), debían
tener un entrenamiento y enseñanzas iguales a las que habían sometido a Paul.
Debia convertirse en el personaje. Así el joven Brontis pasaba muchas horas,
casi todos los días de la semana, haciendose experto en artes marciales, pelea
con espadas y cosas así. El mismo “Jodo” reflexiona en un momento: “¿Cómo fui
capaz de hacer eso? Sacrificar así a mi hijo por una película…pero si me
hubieran dicho que tenía que cortarme un brazo para hacerla, lo hubiera hecho…
¡Los Dos!”. Con esa dedicación y energía
se enfocó en conseguir a los que para él TENIAN SI O SI que actuar en su
película. Así se fueron sumando, primero como una idea y luego en la realidad
del proyecto, nombres como David Carradine,
Orson Welles, Mick Jagger y Salvador Dalí. El documental nos cuenta de
primera mano como hizo Jodorowsky para reunir a esas personas, como las convencía,
como jugaba para ganar. Realmente uno queda como emocionado y con muchas ansias
de que todo salga bien.
Pero…
Cuando
empezás a ver la película sabés cómo va a terminar. La producción de Dune
comenzó en 1976 y termino en 1984 cuando se quedaron sin plata y la hija de
Dino de Laurentiis compro los derechos y se los vendió al vendehúmos de David Lynch (que agarró la historia y la
convirtió en una película clase B de los ’80, sin ningún valor de nada. Todos
la odian). Sin embargo, lo que se puede sacar de positivo es que todo el
esfuerzo de Jodorowsky no fue totalmente en vano. A un director de documentales
yanqui se le ocurrió juntar toda esta información, todos los testimonios, todas
las ideas originales de Jodorowsky, crear animaciones increíbles basadas en los
diseños de la inacabada película y convertirlo en un premiado documental. Y es
raro. Porque, como ya dije varias veces, uno queda como con un subidón de
adrenalina, la sensación de haber descubierto algo nuevo, algo que está bueno,
que vale la pena, una historia que uno quiere escuchar, pero no va a ser
posible. Y eso deja un retrogusto amargo, una especia de bronca por los
proyectos que mueren, mientras otros que no deberían, sobrevivieron. La Dune de
Jodorowsky planteaba conceptos muy buenos, espirituales, humanos, fílmicos, que
creo que hasta hoy no se han vuelto a plantear, o, al menos, no de la misma
manera. Igual, quizá, el hecho de que no se haya terminado le da otro valor. Quizá
el concepto, la reunión de ideas, el libro gigante que quedo del proyecto
valgan más que una obra terminada. Quizá la película terminaba de hacerse con
el presupuesto que tenían, o Jodorowsky
se obstinaba y lo sacaba a los tropezones, y ganábamos una película de ciencia
ficción de mierda y perdíamos una leyenda. A eso se resume todo. A la Leyenda
de la Mejor Película del Mundo que Nunca se Hizo.
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El Director Alejandro Jodorowsky |
-Uni
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